La nueva generación de acuerdos comerciales ¿en interés de quien?

La nueva generación de acuerdos comerciales ¿en interés de quien?

El pasado 27 de septiembre se cumplió un año desde la aprobación en la Asamblea General de Naciones Unidas de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030. Otro intento por parte de la comunidad internacional para enderezar el rumbo de un planeta tierra, sistema que evoluciona ya con algunos de sus parámetros (biodiversidad, ciclos geoquímicos, pérdida de biodiversidad) con sus límites físicos sobrepasados, comprometiendo la seguridad del planeta y sus habitantes. La comunidad internacional, los 193 firmantes del acuerdo, mostraron hace un año su ambición a través de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 metas. La agenda busca la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la pobreza extrema. Un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad que pretende hacer realidad los derechos humanos de todas las personas y alcanzar la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas.

En 2015 también se alcanzó otro acuerdo, éste más concreto, para evitar que la temperatura media del planeta supere los 1,5 ºC, lo que nos llevaría a una situación de cambio acelerado e imprevisible.

Pero hay otras agendas internacionales, no tan públicas, no tan transparentes. Y estas agendas no van en la misma dirección de conseguir un desarrollo sostenible, armónico en lo ambiental, lo social y económico. Los expertos en comercio internacional nos cuentan que hace 15 años la oposición de los países BRICs a las negociaciones sobre agricultura, patentes farmaceúticas o servicios en el seno de la Organización Mundial de Comercio, la denominada “Ronda de Doha”, fue el desencadenante de esta nueva generación de acuerdos comerciales (TTIP, CETA, TISA) que nos traen hoy de cabeza. Las élites políticas y económico-financieras han superado el fracaso de estas negociaciones y vuelven a la carga con la liberalización de los mercados globales como mantra.

Un primer dato. Los negociadores de la UE en la cumbre del clima de París de 2015 llevaban la orden de no incluir la palabra comercio dentro del futuro acuerdo. El comercio no se toca, se eleva a categoría de divinidad intocable. La hoja de ruta de los que gobiernan la peor versión posible de la globalización evita acuerdos vinculantes en materia ambiental y social, pero la agenda de la globalización comercial tiene poderosos instrumentos vinculantes y tribunales de arbitraje que disuaden a los que osen cuestionar la supremacía del comercio sobre aspectos como los servicios públicos, los derechos humanos, el derecho a legislar o los estándares ambientales.

Y aquí nos encontramos. Una parte del planeta, las élites, trabajan para eliminar lo que en su jerga llaman “barreras no arancelarias” y lo que en boca de los políticos liberales es un “exceso de regulación”, “papeleo” y “burocracia mala”. Derechos, salvaguardas y estándares ambientales lo llamamos nosotros.

Vale que el Acuerdo de París hable de descarbonización de la economía (sin concretar fechas y medidas concretas) o que la Agenda 2030 establezca como meta que “para 2030, aumentar sustancialmente el porcentaje de la energía renovable en el conjunto de fuentes de energía”. El acuerdo general de servicios, el TISA, no quiere más regulaciones, aunque estas sean para frenar el cambio climático. El TISA no diferencia entre energías limpias y contaminantes, haciendo imposible una eliminación gradual de los combustibles fósiles más perjudiciales para el clima como el carbón, las arenas bituminosas o el gas de fracking. Entre las medidas obligatorias incluidas en este acuerdo sobre el comercio de servicios se incluye una congelación de cualquier nueva medida reguladora que restrinja el comercio de servicios energéticos.

La Agenda 2030 quiere, para esa fecha, lograr el acceso universal y equitativo al agua potable, a un precio asequible para todos. Pero el TISA trata el abastecimiento de agua como un servicio más que puede ser liberalizado. Y una vez liberalizados los servicios (energéticos, de agua potable, educación, etc.), el TISA incluye una cláusula por lo que estos servicios no podrán volver a ser renacionalizados, aunque así lo decidan los gobiernos legítimamente elegidos. ¿Agua para todos en 2030? Si las grandes corporaciones siguen dominando la agenda internacional nos tememos que esto no a ser posible.

Cuando en febrero de este mismo año 12 países de ambos lados del océano Pacífico firmaron el acuerdo comercial transpacífico (el TPP), la organización Médicos sin fronteras denunció que el texto de este acuerdo comercial incluía nuevos y adicionales períodos de exclusividad para los medicamentos, las patentes, lo que bloquearía el acceso a los últimos avances médicos a millones de personas de todo el mundo. Con acceso directo a las negociaciones, las multinacionales farmacéuticas se habían asegurado la propiedad de sus patentes durante décadas, limitando la posibilidad de fabricar medicamentos “genéricos” a bajo costo.

Otro ejemplo. En los documentos secretos sobre el TTIP filtrados por Greenpeace Holanda en mayo de 2016, en ninguno de los capítulos se hacía referencia a la regla de “Excepciones Generales”, regla consagrada en el acuerdo del GATT de la Organización Mundial del Comercio hace casi 70 años que permite a los estados regular las reglas de comercio “para proteger a los seres humanos, la vida animal y vegetal o la salud” o para “la conservación de los recursos naturales no renovables”. Esta omisión de esta regla sugiere que ambas partes, la UE y EE.UU. están creando un acuerdo que sitúa los beneficios económicos por encima de la vida, la salud y el medio ambiente.

La agenda internacional se mueve en clave bipolar. De acuerdo en acuerdo, de cumbre en cumbre, alternando entre decisiones bienintencionadas pero no vinculantes que sueñan con un planeta saludable donde todos podamos vivir dignamente y, por otra parte, acuerdos vinculantes y con poderosos mecanismos de control que endiosan el comercio y su liberalización como único leitmotiv.

El próximo 15 de octubre salimos para recordar cuál es nuestra opción: las personas y el planeta por encima de las multinacionales.

Miguel A. Soto Caba, Greenpeace Spain

2016-10-05T13:18:22+00:00 Octubre 5th, 2016|Noticias, Nueva agenda de desarrollo|