¿QUEREMOS ACABAR CON LA POBREZA?

¿QUEREMOS ACABAR CON LA POBREZA?

Hace pocos días los líderes mundiales se reunieron en Nueva York para revisar el grado de cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Y es que, todavía hoy, 1.400 millones de personas, uno de cada cuatro habitantes del planeta, sigue viviendo en la extrema pobreza. En este encuentro asistimos una vez más a una declaración de buenas intenciones, pero la realidad es que el año 2015 –fecha fijada para alcanzar estos mínimos cuya finalidad es mejorar las condiciones de vida para gran parte de la población mundial- está cada vez más cerca y los objetivos no se cumplirán de continuar con la tendencia actual.

Si bien en el año 2000 la Declaración del Milenio contó con un vasto apoyo, al ser firmada por 189 Jefes de Estado y de Gobierno, la voluntad política para hacer frente a la pobreza extrema en el mundo, y erradicar sus principales causas desde entonces y durante estos últimos ocho años, no ha sido la suficiente como tampoco lo han sido los recursos destinados para ello.

Acabar con la pobreza es posible. Algunos de los países más pobres del mundo (como Mozambique, Bangladesh o Tanzania) han demostrado que puede avanzarse si existe la voluntad política necesaria para ello, si los donantes se alinean con el país receptor y si la sociedad civil participa activamente en estos procesos. Los países más ricos esgrimen ahora como coartada que no disponen de recursos suficientes para cumplir sus compromisos, al verse envueltos en una gran crisis financiera y económica. Sin embargo, en el mismo periodo que la comunidad internacional sólo ha sido capaz de comprometer 16.000 millones de dólares para combatir la Pobreza, el Gobierno de Estados Unidos ha ofertado 700.000 mil millones de dólares para intentar combatir, sin expectativas de éxito, esta crisis; asimismo han aportado cantidades similares los bancos centrales y gobiernos de la Unión Europea, Gran Bretaña y Japón.

Estas enormes sumas van destinadas a intentar solucionar con recursos públicos los problemas de instituciones financieras privadas, cuyo comportamiento ha contribuido en gran medida a aumentar la pobreza y la desigualdad en el mundo, situación que se verá agravada en el futuro como efecto de la crisis.

Según estimaciones de Naciones Unidas, con sólo una quinta parte de los mencionados 700.000 millones se podrían alcanzar los Objetivos del Milenio. En los momentos de crisis económica son los más vulnerables  quienes se ven más afectados: se estima que 75 millones más pasarán hambre a causa de la subida de los alimentos y del combustible.

Por este motivo es obligación de los países más ricos reforzar los compromisos adquiridos hace ya ocho años.

El Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha ratificado ante Naciones Unidas su compromiso de alcanzar el 0’7% del PIB destinado a la ayuda al desarrollo en esta legislatura, una de las reivindicaciones históricas de la sociedad civil que la Alianza Española contra la Pobreza ha venido planteando con mayor fuerza. Pero la ayuda al desarrollo no sólo es cuestión de cantidad, también es fundamental que ésta sea eficaz: que vaya destinada a los países que más la necesitan, que se invierta en servicios sociales básicos, en al menos en un 20%, y que esté desligada de intereses económicos y comerciales; y sobre todo que se ejecute de manera coordinada entre  los distintos actores.

Pero además nuestro país también se ha comprometido a abordar cuestiones como la abolición de la deuda externa a los países menos avanzados o la adopción de normas justas para el comercio internacional. Y en estos ámbitos los avances han sido escasos. Por ejemplo, a pesar de  las iniciativas de reducción de deuda externa de los últimos años, los países empobrecidos siguen destinando más dinero al pago de la deuda que a la educación y la salud de sus pueblos. De hecho, los pagos por deuda externa efectuados por el conjunto de los países menos avanzados son cinco veces más que la cantidad que reciben como Ayuda Oficial al Desarrollo. En algunos países se trata, además, de deudas que podemos considerar ilegítimas. Iniciativas como la auditoría de la deuda realizada por el Gobierno de Ecuador, o el reconocimiento por parte del gobierno de Noruega de su responsabilidad en el endeudamiento ilegítimo de diversos países del sur, con la consecuente cancelación de deuda, quedan aún lejos de las intenciones del Gobierno español.

Es igualmente necesario que España combata decididamente los paraísos fiscales que provocan grandes disminuciones en los ingresos de muchos países y apoye los impuestos globales como mecanismo para financiar los procesos de desarrollo en los países del Sur. En definitiva, España debe comprometerse hacia una coherencia de sus políticas de cooperación, comerciales y financieras para luchar contra la pobreza

Pero las promesas ya no bastan. Es necesario pasar de las palabras a los hechos y mejorar las condiciones de vida de millones de personas en el mundo.

Sabemos que la voluntad política los gobiernos es sobre todo sensible a las exigencias de los ciudadanos y ciudadanas. Por ello, la Alianza contra la Pobreza convoca manifestaciones en toda España los días 17 y 18 octubre para recordar a los líderes políticos que deben cumplir con sus compromisos. Somos la primera generación capaz de acabar con la pobreza, pero falta hacerlo realidad y atacar decididamente sus causas. (www.rebelatecontralapobreza.org)

 

Escritores por la Paz

(Antonio Gómez Rufo, Juan José Millás, Nativel Preciado, Rosa Regás, Ramón Arangüena, Ángela Becerra, Paula Izquierdo, Víctor Claudín,

Conrado Arranz, Edgar Borges, Susana Hernández, Mario Merlino,

Juan Pedro Molina, Miguel Veyrat, Inma Chacón, Carmen Santamaría, Guillermo Galván y José Ramón Ripoll)

 

Escritores por la Paz forma parte de la Alianza Española contra la Pobreza

2014-05-20T14:34:12+00:00 octubre 10th, 2008|Artículo|